sábado, 14 de marzo de 2026

Sábado 7 de marzo. El trueno desde Binies



Punto de encuentro Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte. 

Información general

Programación anual

Cómo llegar al punto salida excursión


 Ayer nos desplazamos a la Jacetania, remontando el río Veral desde su desembocadura en el Aragón hasta el pueblo de Biniés, situado sobre un altozano y rodeado de cárcavas. A la derecha nos saludaba la ermita de la Virgen del Pueyo, y al fondo se erguía, orgulloso, el castillo. Aparcamos cerca de la iglesia para comenzar el recorrido por una pista que asciende pasando junto a varias corralizas. Nos vino a saludar un buitre que andaba desperezándose sobre un tejado, y que realizó un despegue de exhibición ante nuestros ojos. Interesante comienzo de una ruta que se prometía borrascosa, a juzgar por el chaparrón que nos estuvo acompañando prácticamente todo el trayecto en coche (más de 80 kms). Los peregrinos de la Javierada aguantaban estoicamente la lluvia y los caprichosos sube y baja de la carretera vieja. Nosotros contábamos con los buenos augurios de "Meteoblue" y "Tiempo y radar", dos páginas que conviene consultar si uno no quiere deprimirse y quedarse en casa. En realidad, todos los pronósticos se cumplieron: llovió al principio, en medio y al final, pero las cantidades eran tan insignificantes que no llegaban ni a mojar el suelo, y la temida niebla nos acarició lo justo para refrescarnos la subida. 

      Del año pasado a éste habían proliferado algunos carteles elaborados artesanalmente, aunque el que indica el camino de subida que sale junto a unas ruinas, había que sabérselo, porque pasa desapercibido. Desde ese punto comienza una entretenida subida que nos coloca en el escalón superior, desde donde se divisa la pista, que discurre junto al barranco. Llegamos a otro corral en ruinas, y subiendo un poco más, al "corral de Margarita", un poco más entero y donde aprovechamos para hacernos la primera foto de grupo. Aquí se separaron cuatro de los veinte que íbamos, para bajar por otro camino sin subir a la cumbre. La verdad es que las rampas a partir de ese punto eran bastante exigentes, porque nos quedaba casi la mitad del desnivel. De todas formas, se trata de una pista por donde avanzamos bastante rápido, ya que no hacía calor, que es lo que suele complicar este ascenso sostenido en una ladera sur. No nos habíamos cruzado con nadie, ni ganado ni personas, aunque los caminos se notan transitados (sobre todo es zona de cazadores). Llegamos a la cima pasando antes por una cota secundaria, para desde allí recorrer toda la cresta. Una pena no poder disfrutar con la visión del Pirineo nevado, pero no nos podíamos quejar de la temperatura. En el vértice geodésico soplaba un poco de viento, pero a medida que pasaba el tiempo de almuerzo salió el sol y se fue despejando progresivamente el panorama hacia el sur, permitiéndonos contemplar el macizo de San Juan de la Peña y las bases del Oroel y la sierra de Santo Domingo. Al fondo, por donde el río Gállego se abre a la Hoya de Huesca, los mallos de Riglos se recortaban en el horizonte. Por el Norte estaban sin nubes el Forcala y el roquedo donde están los abrigos de Susei. Al Oeste, Berdún destacaba en la llanura.
        Todavía nos quedaba un largo trecho, así que, después de reponer fuerzas, emprendimos decididamente la bajada que parte desde el propio hito cimero. Se trata de una entretenida senda que desciende a través del pinar hasta una plataforma herbosa que rodeamos por la izquierda para superar un escalón rocoso, donde había que prestar atención para no resbalarse. Otra plataforma más abajo donde ya encontramos el ancho sendero que describe un arco para internarse en la foz de Biniés. Afortunadamente, el grupo avanzaba compacto. Una vez superado el cruce con el ramal ansotano del Camino de Santiago y del Santo Grial, ya no hay posibilidad de confusión. Desde aquí se distingue el río al fondo, y se ve el todavía distante pueblo del que salimos. No queda sino disfrutar del bosque de ribera, tapizado por musgos. El único inconveniente es tener que superar un par de resaltes, lo que supone alguna remontada inesperada (¡no me gusta subir cuando estoy bajando!). El grueso del grupo aceleró un poco el paso, supongo que pensando en comer algo de formalidad. Sin embargo quedaba un último esfuerzo, llegar al pueblo, encaramado allá arriba. En el cerro contiguo, unos cuantos buitres despedían nuestra excursión. Algunos gorostianos todavía guardaban fuerzas para una trepada, en vez de trazar las curvas en zig zag de la pista de subida. Completaríamos la jornada en "La Trobada" de Berdún, obsesionados en preguntarnos si habíamos venido en autobús. Menos mal que -por primera vez en el día- la diversidad se impuso, para alivio de unas mesoneras que tuvieron el detalle de ofrecernos viandas a pesar de que ya era bastante tarde.