miércoles, 25 de febrero de 2026

Salida sábado 28 de febrero. Arrarats - cascadas

 


Para este sábado toca Arrarats y sus cascadas, la zona la hemos visitado en diferentes ocasiones, pero las cascadas no tengo constancia de haberlas hecho con Gorosti. Como son difíciles de recorrer y bajan muy crecidas, se quedan para cuando estén más domadas, iremos por encima de ellas.

El paseo lo haremos en sentido anti horario. Saldremos desde el frontón en dirección oeste. Hasta el collado, es pista cementada que llega a Beruete. Desde ese punto iremos por camino y senda hasta las campas de Otsola, el resto lo tenemos andado de otras veces y continua por caminos y sendas sin dificultad. Tiene una longitud de 12,8 Km. (sin ir a Launtze) y desnivel de 650 m.

El recorrido tiene varias opciones, una puede ser ir todos hasta las campas de Otsola y el que quiera llegar pronto a cocinar, puede por pista y paralela al barranco con vistas a alguna cascada volver al pueblo. Son siete Km.

Nos vemos el sábado, Agur





Punto de encuentro Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte. 

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Un saludo, gorostianos. Ayer disfrutamos de un delicioso paseo por el bosque, recorriendo el anfiteatro natural que los montes de la Divisoria Cantábrico-Mediterránea describen por encima del pueblo de Arrarás. El día presentaba un feo panorama desde el balcón de casa, con nieblas y lloviznas. Pero los pronósticos auguraban una mejoría, así que aprovechamos para ponernos nuestras ya gastadas capas y chubasqueros con la esperanza de quitárnoslas lo antes posible. Javier Iriarte había propuesto una ascensión a las cumbres gemelas del Ireber y el Ernaizu con el colofón de una comida en la Sociedad del pueblo, un plan lo suficientemente atractivo como para convocar a un numeroso grupo, incluídos nuestros presidentes, el actual y el emérito. El recorrido previsto era circular, sin embargo, el espíritu aventurero y anárquico volvió a aflorar, y si marcamos los distintos trayectos sobre un mapa, sale un dibujo con círculos, triángulos, ochos e incluso una pajarita. Para desentumecer, comenzamos descendiendo al nivel de la regata, con cuidado, que el cemento resbalaba, para luego emprender una fuerte subida que provocó que se fragmentara el pelotón. El grupo de escapados ascendió a toda prisa, para alcanzar las campas de Otsola antes de que se disipara la niebla. El resto nos entretuvimos contemplando los tapices de musgo, las pequeñas cascaditas, quitándonos la ropa sobrante y esperando a los rezagados. Al llegar a la campa comenzó a llover otra vez y se inició la desbandada: unos siguieron por la GR en busca de la cumbre, otros fueron a buscar un dolmen cercano, otros se dirigieron a la fuente, otros cruzaron un puentecito de madera para buscar la pista de bajada, y una oveja perdida siguió por la pista de subida, creyendo seguir la estela de los primeros, hasta que la rescató el alcalde del pueblo que con el Land Rover estaba dándose una vuelta a ver cómo andaba el ganado. Ante la imposibilidad de alcanzar a los primeros, y como el Ireber seguía envuelto en las nubes, opté por la cercana y amable cota del Arnabarrita, que por lo menos tenía vistas (algo limitadas por el arbolado). Bajé por la otra vertiente, que algunos habían ascendido en sentido contrario, para recuperar la GR y la pista. (Mary Luz)


El día de ayer da para muchas crónicas, tantas como grupos que anduvieron dispersos. Queda escrita la de Mary Luz y se podría completar el relato con más relatos de la ruta. Mi versión de la mañana: (Julián)


La propuesta de Javier era una circular que remontando la regata Otsola iba subiendo a la campa viendo las cascadas, y después subir al Ireber y el Ernaitzu.
La subida por las cascadas quedó descartado debido a lo abrupto del terreno con terreno mojado y resbaladizo, por lo que a las campas se llegó por una pista que iba por la vertiente occidental de la regata. Yo iba con el "grupo de escapados", y en las campas, a pesar de que empezó otra vez a lloviznear, se decidió subir a las cumbres. Tras el primer escalón y una breve pausa para contemplar los Narcisos, parte del grupo decidió regresar, (debían pensar que para qué subir si había niebla en las alturas). A mí me llamó una "oveja descarriada" y solitaria que estaba despistada y no sabía por dónde iban los primeros. Decidí hacer de "perro pastor" y esperarla. Ésta, tras subir al Arnabarrita decidió que era hora de bajar, y yo entonces reanudé la subida. Aceleré el paso con la esperanza de alcanzar al grupo. Las nieblas difuminaban el paisaje, dándole un aire fantasmal y bello. Ya en el collado, tomé un atajo, (sin darme cuenta que me comía una cumbre, la del Ireber). Tras las rampas de subida llegué al vértice geodésico (el Ernaizu). No había nadie, solo caballos y grandes moles de piedras acumuladas en montones. No había vistas, sólo nieblas. No podía ver al grupo, que aún no había llegado a la cumbre donde estaba (y que yo creía que iban por delante). Dependía del track y del mapa del GPS. Una vez más decidí atajar por una senda que se desdibuja en las praderas y más tarde en el hayedo. Me entretuve en el sugestivo dolmen de Alkadur. La senda se convirtió en pista, y esta me devolvió a las campas donde habíamos iniciado la ascensión. De aquí solo me quedaba bajar al pueblo por la pista de la orilla oriental de la regata. Cuando llegué la "oveja" se estaba echando la siesta en el coche, y los que habían llegado antes al pueblo se encontraban refugiados en la acogedora sociedad, envueltos en humo y olor a gas y cebolla. Los demás fueron llegando poco a poco. Primero un grupo en coche que venía de tomar unas cañas. Luego los que hicieron las dos cumbres. Más tarde, los rezagados de los de la vuelta larga, un poco mosqueados y sofocados porque no les habían esperado y estaban sin track. Y por último llegó el que hizo una tercera cumbre (Launtze). Así que juntando todas las versiones podríamos completar un catálogo de recorridos.

La jornada concluyó con una comida de hermandad donde compartimos ensalada y un buen guiso (arroz meloso con costilla), regado con vinos y licores y endulzado con pacharán y pastas, donde pudimos contar nuestras batallitas, cantarle a Amaya por su feliz y esperada jubilación. Amenizados por Félix que con el organillo alegró la sobremesa, los cantos de los presentes resonaron con buenas voces, y alguna pareja incluso se atrevió a bailar.

Estas son dos crónicas, podría haber más... (Julián).


La cruz que nombras, Blas, de la clave de arco, guarda una similitud a una Cruz Potenzada o Cruz de Jerusalen, pero debiera haber tenido los cuatro brazos iguales, para poder ser considerada como tal.

Apreciación General:
A primera vista esta clave nos dice que el maestro cantero que la ejecutó dominaba a la perfección el sentido de las proporciones además de desenvolverse estupendamente con la escuadra y el compás.
En un espacio reducido inscribió la citada cruz en la centralidad de la figura.
En la parte superior plantó un disco solar orlado por un cordón o ensogado, esto último eleva bastante la destreza del cantero.
En la parte inferior trazó una roseta hexapétala, sencilla y bien proporcionada.
Como quedan espacios aún libres y en las obras populares se tendía a cubrir vacíos (Horror vacui), planteó una serie de puntas de diamante que nada desmerecen del resto.
Estas figuras astroláticas y otras más, se vienen repitiendo, en Europa, desde el final de la Edad de Bronce, llegando a nuestros días. No caeremos en esoterismos idiotas, ni en buscar erudiciones donde no las hay.
Canteros en piedra, tallistas en madera o herreros en forja, repetían y adaptaban lo que veían, como mejor podían a sus trabajos, si alguien estaba dispuesto a aflojar la bolsa de las monedas.
En el caso de hoy, un profesional como la copa de un pino.

Otro día hablaremos de significados figurativos.