Egun on/ Buenos días. El sábado está prevista la salida al norte del Baztán. Para iniciarla, por el puerto de Otsondo, nos dirigiremos al collado de Itzulegi. Aquí hay mucho sitio para aparcar. Si el tiempo acompaña, disfrutaremos de unas magníficas vistas. Comenzamos subiendo al Akomendi y, tras el descenso, ascendemos progresivamente hacia Gorramakil y Gorramendi. Finalmente, volvemos desde el alto de Aizpitza. Si al final la senda se cierra, podemos bajar por la pista. El recorrido total son unos 12 km y un desnivel de poco menos de 400 m
Punto de encuentro: Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte.
Información general
Programación anual
Cómo llegar al punto salida excursión
Comentarios
Como veis hoy el sol no se ha dignado visitarnos.
A la vista de las imágenes el que haya leído la Trilogía de Baztán de Dolores Redondo ya puede ver en que paisajes se inspiró.
Blas
Hola a todos. Este sábado nuestros pasos se dirigieron al cordal montañoso que separa el suave relieve, siempre verde de colinas y montañas, del Baztán con las llanuras interminables de nuestra vecina Aquitania. El día prometía unas amplisimas vistas, pero no tuvimos en cuenta una pertinaz nube que subió con nosotros, rodeandonos, abrazándonos, impidiendo que gozáramos con la visión del horizonte.
Pero empecemos por el principio. Nos juntamos cerca de una treintena de excursionistas (no los conté). Y para llegar al punto de salida tuvimos que circular con cuidado por una carretera (con buen firme), llena de curvas y nieblas, para no atropellar a ninguna vaca, potro, ciclista o paseante, hasta el collado de Itzulegi.
Nosotros, para llegar y no equivocarnos de collado, preguntamos a "Don Google" cómo llegar, y nos dió dos posibilidades, una la correcta por el puerto de Otsondo y otra que si (por desconocimiento) hubiéramos tomado, nos habriamos acordado de todos los santos de la corte celestial, jurado y perjurado, ya que era una pista de grava que salía de Bozate. Hay que tener cuidadín y prudencia con los consejos que nos dan estas aplicaciones.
Ya en el collado, tras los besitos y abrazos empezamos a andar rumbo al primer objetivo, el Akomendi. Pronto nos metimos en una senda que por la ladera del Gorramendi contornea la montaña. Una gozada de sendero, con sus rincones mágicos, sus arroyos cantarines, el tapiz de musgos y líquenes, el bosque de hayas que con las nieblas daba una sensación fantasmagórica, y casi esperando encontrarnos con el Basajaun, guardián del bosque, o con las lamias y sus hechizos. Un sendero que con la nube que nos envolvía, nos hizo meternos en un cuento de duendes y hadas.
Y esta misma nube nos privó de las amplias vistas que las cimas que íbamos a recorrer nos ofrecían. Casi todos pensábamos que íbamos a salir por encima, o que se iban a disolver, gracias al poderío del sol y su calor..., pero no fue así. En esta cima almorzamos, no todos porque los del grupo B no llegaron (creo que se quedaron en el collado previo), y los que iban en cabeza, para cuando llegamos ya no estaban.
Después del Akomendi empezamos a recorrer el cordal de norte a sur del Gorramendi con sus cimas invadidas de antenas y restos de la antigua base de radares que levantaron los americanos en la guerra fría para controlar todo avión amigo o enemigo que surcara los cielos de media Europa. La primera cima (Gorramakil) nos hizo sudar a pesar de no ver el sol, por sus duras rampas. Después subimos el Otarnate. En esta cumbre, no sé si por cansancio o por las prisas de llegar a comer, la mitad del grupo empezó a bajar en busca de los coches. El resto seguimos cresteando disfrutando de la espléndida niebla que insistentemente nos rodeaba. La siguiente cima, el Gorramendi, nos esperaba repleta de restos de esta gran base americana (a falta de las vistas). Y como propina, subimos la puntita del Aizpitza, con su gran antena. Desde aquí, bajamos a la vieja carretera, que en un corto paseo y por debajo de la nube nos dejó en el punto de salida. Cuando llegamos al bar del polígono industrial de Arizcun pudimos ver cómo poco a poco se destapaban las antenas de las diversas cumbres, pero fue porque la nube simplemente se elevó, sin llegar a disiparse.
He de añadir que un valiente Javier se acercó a la esbelta, bella y enigmática cima del Irubelakaskoa. A falta de vistas, en el recorrido pudimos disfrutar de la flora primaveral. Aparte de las recién salidas hojas del haya, encontramos Scilla verna, Cardamine pratensis, Muscari racemosum (nazarenos), violetas, asfodelos (gamones) y narcisos, entre otras flores.
Y he de recordar que estaría bien que el que no hiciera la ruta y la acortara o alargara, avise al grupo que ha llegado bien con sencillo mensaje.
Mariluz

