viernes, 1 de mayo de 2026

Salida sábado 2 de mayo. Cambio en el programa. Oronoz-Mugaire - Arregiko Kaskoa


Hola , como se admiten propuestas, voy a hacer una que parte de Oronoz Mugaire. En esta zona la lluvia empieza a caer entre las 14/16 h (varía según la aplicación que mires). El track está basado en uno de Oscar Elorza, y modificado por mi intentando mejorarlo, ya que he pateado la zona y la conozco.
Se aparcaría en la zona del intercambiador de autobuses, y al lado están los bares. 
El recorrido tiene algo menos de 15 k peor hay múltiples posibilidades de acortar el recorrido, y unos 400 m de desivel.


Punto de encuentro Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte. 

Información general

Programación anual

Cómo llegar al punto salida excursión



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Hola a todos. Ayer comenzaba una serie de días tormentosos, que nos van a acompañar casi toda la semana. Anunciaban aguas mil, y alerta naranja por lluvia y viento. La ruta que nos tenía preparada Merche, creo que desconocida por la mayoría y con un gran atractivo no se pudo hacer, por tener zonas de roca que con agua propiciaba las caídas. Y hacer una ruta chula y no poder disfrutarla por la lluvia no merecía la pena. Espero que el año que viene, la vuelva a proponer.
Urgía buscar otro lugar, y me dí cuenta que en un hueco entre las nubes tormentosas estaba Oronoz Mugaire, y que la tromba de agua iba a llegar más tarde, hacia las 14 h (más o menos) y allí nos fuimos. El objetivo era subir al Arregiko Kaskoa, vecino del Larrazu y del Legate, bajar a Arraioz y por la vía verde del Tren Chiquito recientemente abierta, regresar a Oronoz. Y para embellecer el regreso íbamos a tomar una senda que a mitad de la vía verde y a medía ladera desembocaba junto unos caseríos en la parte alta del cementerio de Oronoz.
Nos juntamos un nutrido grupo, y cruzando el todavía río Baztán, emprendimos la subida de unas fuertes rampas, ganando altura y vistas.. No llovía y apenas notamos una ligera brisa. En Artica estábamos sólo tres coches, pero en Oronoz se nos unieron tres más, así que el grupo inicial se acercaba a las 20 personas. Pero pronto nos dividiríamos en cuatro secciones, con un afán de explorar mejor el terreno. Unos subieron a la cumbre, por dos vertientes diferentes, otros atajaron para buscar el punto de almuerzo, también tomando dos pistas a diferente altura. Las nubes se encontraban a bastante altura, lo que nos permitía contemplar una fachada que abarcaba (en distintos momentos) desde el Gorramendi hasta el Oteixon, pasando por el Auza, Peña de Alba, los macizos del Adi y el Sayoa, con el Abartán en primer término y al fondo el sempiterno Mendaur. Salpicando las laderas, los bellos pueblos de Ciga, Aniz y Berroeta. Por debajo, la carretera que asciende trabajosamente hacia Velate. Pisamos prados donde las ovejas optaban entre contemplarnos con curiosidad o tomar distancia. También nos acompañaban vacas criando terneros, toros de impresionante porte y caballos con las crines al viento. Se trata de un paisaje muy humanizado que no pierde por ello su belleza. Rodeada por el arco que describimos serpentea la carreterilla de Orabidea, que cruzamos en un par de ocasiones. Almorzamos entre la antena que hay enfrente de Arraioz y una encantadora calera con tejado y mesas de merendero. Anki había traído cocos y palmeras de hojaldre, que regadas con vino de Oporto (el que riega las praderas), nos trasladaron por un momento al séptimo cielo. La gente se preguntaba para qué habían cargado con capas y paraguas. Pronto encontrarían la respuesta. Durante el plácido descenso al pueblo, nada hacía presentir la que se avecinaba.
Se ve que la tormenta que había descargado con fuerza sobre Pamplona, decidió tomar rumbo Norte y entretenerse un poco sobre nuestras cabezas. Existía la opción de quedarnos en el bar y esperar a que escampara, coger el autobús que en 5 minutos iba a pasar, para recorrer cuatro kilómetros y luego caminar hasta el coche (no es nuestro estilo) o probar la impermeabilidad de nuestras prendas de protección, justificando el haberlas acarreado toda la mañana en la mochila. Esta última fue nuestra elección, pero recorriendo la vía verde sin buscar caseríos ni cementerios. El trazado rectilíneo y prácticamente llano nos condujo al entorno de la iglesia, que es donde habíamos aparcado. Habíamos salvado la mañana y desafiado al temporal. Y de paso, disfrutado de la explosión de verde primaveral y de muchas plantas: hierbabuena, verónicas, gamones, stellarias... Y acompañarnos del siempre inquietante sonido de los truenos, mezclado con el rumor del río. El Baztán nunca defrauda.


Mary Luz y Julián.