El sábado está prevista una excursión desde Oronz en el valle de Salazar para contemplar la impresionante cascada Urkatua y el Pirineo con sus nieves desde la cima del Monterria. El recorrido tiene algo menos de 13 km y un desnivel de 500 m y esperamos que atendiendo a las predicciones el tiempo nos respete la mañana o gran parte de ella.
Punto de encuentro: Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte.
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El sábado nos desplazamos hasta Orronz para ascender al Monterría, pasando por la cascada de Urkatua. El valle de Salazar siempre nos sorprende con su biodiversidad y su ambiente salvaje. Tierra de jabalíes, a los que no vimos, pero que intuíamos su presencia por la cantidad de suelo removido y los ruidos de hojarasca que se percibían de vez en cuando en el bosque. Tampoco había ganado en las praderas. La amenaza de nuevas nevadas parece que los retuvo en el llano. Eso nos permitió pasear por esos inmensos tapices verdes, salpicados de blanco, amarillo y morado por la intensa floración primaveral. Comenzamos atravesando el pueblo para buscar un sendero paralelo a la carretera que busca el siguiente barranco (Arzurre) y asciende por él en busca de una cascada que aparece muy indicada con carteles. No hace falta mirar el track, sólo hay que dejarse llevar. El camino es agradable y bonito, los árboles aparecen tapizados de musgo, y la pendiente no es muy acusada. La cascada no bajaba con mucha agua, pero a cambio nos brindaba un muro verde por el que discurrían chorros de agua más o menos grandes, a modo de un paño empapado que estuviera colgando en un tendedero bajo la lluvia. Estuvimos un rato haciéndonos fotos y especulando sobre la altura de la caída, bastante vertical por cierto.
Pero había que seguir. Ahora, la pendiente se acentuaba, había que rebasar este primer escalón de la montaña, pero pronto desembocamos en una pista forestal que nos llevaba a los prados. Una caseta enmarcaba el paisaje. El Berrendi aparecía cubierto por un manto de nubes que desde el norte se iba desparramando hasta deshacerse en la ladera sur. A algunos les recordaba a una tarta cubierta de nata o de fondant. Parte del grupo iba a acortar el camino bajando desde aquí, pero no se resistieron a subir por la pradera florida hasta poder avistar el nevado pico de Ori, primer dosmil del Pirineo navarro. A sus pies se alcanzaba a ver la ermita de Muskilda, delante de la sierra de Abodi. Hacía apenas dos semanas que habíamos recorrido una ruta en torno a Izalzu, parece que le hemos tomado cariño a esta zona. Pero no nos podíamos quedar embelesados con el paisaje. Las cabeceras de Belagua y Mintxate ya se ocultaban a nuestra vista, de modo que amenazaba lluvia, no había que demorarse demasiado. Así que seguimos subiendo en busca de la cumbre, rebasando un cambio de vertiente. Desde allí buscamos la alambrada que nos conduciría hasta una alargada meseta con dos cumbres señaladas con mojones de piedra. En una de ellas se encuentra el buzón, con una figura recortada en hierro que representa a un lobo comiéndose una oveja. Antes, en un recodo del camino, habíamos aprovechado para almorzar, ya que había más espacio para sentarse y menos viento. Nos hicimos fotos y emprendimos el descenso.
La bajada al pueblo es más directa y más panorámica. Las laderas más al sur presentaban un colorido en el que contrastaba el verde oscuro de los pinos con el claro de las frondosas que iban sacando la hoja. Y al fondo se veía el pueblo con la pista que, serpenteando, se acercaba hasta él describiendo grandes curvas. Llegado el momento, la abandonamos para tomar un camino más directo por una barrancada que nos dejaría al lado de los coches, sin que nos hubiéramos mojado lo más mínimo. Habíamos disfrutado de un plácido paseo en un día en el que apenas vimos el sol, pero en el que no pasamos ni frío ni calor, y en el que las vistas, sin llegar a ser tan espléndidas como las de la semana pasada, tenían ese toque de misterio que dan las nubes cambiantes. Gracias a Joserra por proponer un sitio tan bonito para primaverear un poco.

