La ruta propuesta para este sábado es un paseo por el cordal que en las inmediaciones de Ostiz se levanta, para en suave progresión alcanzar su máxima altura en el Aliseto (Elixato). Nosotros iniciamos la salida en Zandio, pequeño pueblo del valle de Olaibar. Antes de iniciar la subida, pasaremos por el señorío de Beraiz, que tuvo un tiempo en que se podían celebrar eventos y banquetes. Para entrar en el señorío debemos pasar por una doble alambrada: en la primera hemos de buscar el punto donde un árbol la ha tumbado a mano derecha de la langa y la segunda por el paso atado con una cuerda.
(“Señorío de Beraiz es una finca de 240 hectáreas de extensión, situada a sólo 13 kilómetros de Pamplona. Cuenta con un espectacular entorno natural, tanto por sus montes y bosques, como por su precioso lago y embarcadero.…..)
Desde Beraiz, vamos subiendo al cordal que separa el señorío y regata de Beraiz con el de la regata de Zubiondoa /Oyalde , que riega los pueblos de Burutain y Etsain. Antes de llegar al monte Elixato y para no alargar la excursión bajamos a Zandio, pasando y visitando Osacain (El Aliseto es un monte sin vistas, que para poder tenerlas nos tendríamos que acercar a la vecina Peña Berrondo en su ladera norte)
El que avisa no es traidor: En mi reciente inspección del recorrido, constaté que las recientes nevadas caídas han hecho estragos en los pinares que vamos a recorrer, tumbando un montón de árboles y pinos de gran porte, que nos saldrán al paso dificultando la progresión. La gran mayoría se podrá cruzar sin dificultad, unos pocos (¿una docena…?, no los conté), habrá que rodearlos. De todas formas ninguna dificultad que no sea evitable, como la vida misma. El barro que lo hay, es asumible y espero que esté congelado.
El recorrido total apenas alcanza los 10 km y el desnivel absoluto no llega a 300 m.
Punto de encuentro: Aparcamiento piscinas de Nuevo Artica en variante norte.
Información general
Programación anual
Cómo llegar al punto salida excursión
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Hola a todos. Continuamos con nuestras salidas invernales cerca de Pamplona. Asistencia bastante mermada porque San Google profetizaba el Diluvio universal. Algunos esperamos a que amaneciera para terminar de decidirnos. Sin embargo, la relativa altura de las nubes que deja ver las cimas, algo pintadas de nieve, y la escasa intensidad de la lluvia, en ocasiones intermitente, nos anima a sacudirnos la pereza. Al final nos juntamos diez gorostianos, más que suficiente para un itinerario ya conocido, y los justos para la capacidad de una cabaña de cazadores que nos permitirá guarecernos durante el almuerzo. Salimos de Zandio pasando (con precaución) junto al lavadero, tomando una pista en dirección Norte, que pronto abandonamos para emprender una bajada barrosa hasta el cercano señorío de Beroiz, que en tiempos fue lugar de recreo, con restaurante, lago y embarcadero. Ahora el entorno ofrece una imagen desierta y algo decadente, más dedicada al aprovechamiento ganadero que al ocio dominguero, de manera que tras las consabidas fotos, emprendemos el ascenso, primero por pista y luego por prado, hasta la cresta que nos disponemos a recorrer. Hemos recortado un trozo del camino previsto, ante la dificultad de vadear un arroyo crecido. Los caballos nos han acompañado durante un trecho, y ahora sólo nos marca el sendero un viejo perro pastor con aspecto de oveja, al que tenemos que quitarle de vez en cuando las ramitas y zarzas que de vez en cuando se le enganchan en su tupido abrigo de lana. Pisamos por primera vez la nieve, aunque la fina lluvia hace que sea cada vez más escasa. La pista de arriba se encuentra libre de troncos, que nos dificultaron mucho el paso la vez anterior, y sobre todo libre de cazadores, lo que nos ahorra la incomodidad de tropezarnos con jabalíes abatidos.
De vez en cuando hay alguna palomera, pero lo que a nosotros nos interesa es encontrar alguna cabaña abierta. Encontramos una especie de contenedor metálico que alberga en su interior un par de mesas y unas pocas sillas, además de un frigorífico y algo de leña apilada. Almorzamos sin entretenernos mucho, para no quedarnos fríos, mientras "Txuri" se queda fuera esperando que le caiga algún regalito por hacer de guía. Seguimos la ruta sin pasar por el Aliseto, y encontramos una pista de bajada cubierta por gravilla, lo que permite que nos sacudamos el barro que nos quedaba en las botas. Hemos descendido ya por debajo de la cota de nieve, y en una curva de la pista nos encontramos unos cuantos vehículos. Al final sí que había una batida de caza, sólo que un poco más abajo que la otra vez. Afortunadamente, no nos hemos cruzado con ellos. Pronto llegamos a Osacáin, desde donde una cómoda pista nos devuelve al punto de partida. No hemos llegado a las cuatro horas de caminata (paradas incluidas), pero el frío se hace sentir en la ropa y los pies. Por suerte, durante la andada no hacía viento y a veces parecía que el sol pugnaba por salir. Nos despedimos de nuestro amigo perruno y terminamos la mañana en el cálido cobijo de Lorentxo. (Mary Luz)


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